Así, el objetivo de la Estrategia de Ictus del SNS es mejorar la prevención y el abordaje en todo el sistema sanitario de una patología que es la tercera causa de muerte en el mundo occidental, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y la segunda causa de muerte en la población española, según los datos del Instituto Nacional de Estadística.
En nuestro país, fallecieron en 2006 por esta causa en 32.887 personas, de las cuales 19.038 fueron mujeres. Los datos de la OMS también reflejan la importancia de un abordaje integral de esta patología, ya que al margen de ser la tercera causa de muerte en el mundo occidental, es la primera causa de discapacidad permanente en los adultos.
De hecho, según datos de la Sociedad Española de Neurología, actualmente más de 300.000 españoles presentan alguna limitación en su capacidad funcional tras haber sufrido un ictus.
CINCO EJES
La Estrategia en Ictus del SNS se presentará la próxima semana al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud para su aprobación por parte de los representantes de las Comunidades Autónomas. El objetivo es que el documento pueda estar publicado en los primeros meses de 2009 para pasar a disposición de los profesionales sanitarios.
En ella han trabajado representantes de las CCAA, sociedades científicas y asociaciones de pacientes junto al Ministerio de Sanidad y Consumo. Esta nueva Estrategia gira alrededor de cinco ejes de actuación:
Objetivos. Evaluar, en los pacientes nonagenarios de la comunidad, la influencia de haber padecido un accidente vascular cerebral (AVC) o una fractura de fémur. Métodos. Se evaluó un total de 128 nonagenarios no institucionalizados (edad media 93,05 ± 3,1 años). Se valoró la mortalidad total y la pérdida funcional después de dos años de seguimiento. Resultados. Cuarenta y ocho pacientes (37,5%) fallecieron, y existía una pérdida funcional en 29 (36,2%) de los 80 pacientes supervivientes. En 77 (60,2%) pacientes existía una mala evolución entendida como fallecimiento o pérdida funcional. En los pacientes con antecedentes de AVC o fractura de fémur existía una peor evolución global (mortalidad o pérdida de funcionalidad) que en los que no tenían (p = 0,03). Conclusiones. En los pacientes nonagenarios que viven en la comunidad con antecedentes de fractura de fémur y/o AVC existe una peor evolución entendida como la existencia de mortalidad o pérdida funcional a los dos años de seguimiento.