TRASTORNOS DE LA PERCEPCIÓN

La persona que ha sufrido un ictus puede tener alterada la capacidad de ver, oír, tocar o darse cuenta de algunas cosas del entorno, e incluso puede no ser consciente de que tiene ese problema, que va a condicionar de forma muy importante la recuperación del paciente y su relación con los demás.

Trastornos visuales

Los trastornos visuales son muy frecuentes en las personas que han padecido un ictus.

La arteria que lleva la sangre al ojo procede de la arteria carótida interna, que es la misma que lleva la sangre a gran parte del cerebro, y si ésta se ocluye, puede dañar tanto el cerebro como el ojo. Por ello, la pérdida de visión brusca en un solo ojo, aunque dure únicamente unos minutos, es un síntoma de alarma importante, porque puede reflejar un trastorno del riego sanguíneo dependiente de la arteria carótida y, por tanto, el cerebro corre riesgo.

Para que podamos ver, la luz debe entrar en el ojo hasta la retina; desde allí, el impulso nervioso se dirige por el nervio óptico a una estructura que se denomina quiasma óptico, donde las fibras que llevan la información de la mitad del campo de cada ojo se cruzan, de forma que la información que llega al hemisferio cerebral derecho corresponde a la mitad izquierda del campo visual, y al revés, la información que llega al hemisferio cerebral izquierdo corresponde a la mitad derecha del campo visual (figura 2.5).

Vision

Podríamos decir que la mitad derecha del campo visual la vemos con el hemisferio cerebral izquierdo, y al revés para la mitad izquierda.

Un ictus que produce una lesión en estas vías nerviosas puede producir una pérdida de visión para la mitad del campo visual, situación que se denomina hemianopsia, derecha o izquierda, según la parte del campo visual que esté ciega. Como hemos visto que las vías piramidales, de las que depende el movimiento, también son cruzadas, cuando además existe parálisis, el campo visual ciego es del mismo lado que la parálisis.

Muchas veces el propio paciente no se da cuenta de ello; es fácil que una persona con una hemianopsia derecha tropiece con la parte derecha al atravesar una puerta, que no vea a las personas que se aproximan por su derecha o que no encuentre cosas situadas a su derecha. Por supuesto, una persona con una hemianopsia (de la que, insistimos, puede no darse cuenta) es un peligro cierto si conduce un vehículo.

La familia y los cuidadores pueden ayudar recordando al paciente que mire hacia el lado enfermo, ya que, con un poco de entrenamiento, una hemianopsia puede compensarse muy bien, simplemente girando la cabeza para mirar hacia el campo ciego.

Algunas lesiones pueden afectar a los dos lóbulos occipitales y producir una ceguera cortical; en estos casos, el paciente a veces no es consciente de la ceguera, de forma que, si se le pregunta, «inventa» lo que «ve».

En otras ocasiones puede producirse una dificultad a la hora de distinguir o nombrar los colores, en lesiones del hemisferio izquierdo.